lunes, 13 de febrero de 2017

MARÍN, "UNA CREACIÓN FANTÁSTICA DE LA IMAGINACIÓN". POR ANGEL G. CARRAGAL



En 1852 (hace 165 años) los duques de Montpensier, Antonio María de Orleáns y Maria Fernanda de Borbón, visitaban Galicia recorriéndo parte de su territorio y disfrutando de sus gentes, sus paisajes y sus costumbres como lo describen Narciso Zepedano y Antonio Neira en su relato “SS.AA.RR. los Serenísmos Duques de Montpensier en Galicia. 1852.” Los autores de la narración de la estancia de los Montpensier en territorio gallego traspasan los límites del periodismo haciendo participes a sus lectores de las especiales descripciones de cada lugar donde aquellos eran recibidos. Los duques inician su viaje en Ferrol pasando por A Coruña, Santiago, Pontevedra, Marín y Vigo desde donde saldrían hacía Lisboa. Marín, uno de los lugares por donde pasaron, es descrito por los autores del relato, como un lugar idílico que hoy añoramos. 
Esta es la parte -abreviada- que hace referencia del recibimiento y la despedida ofrecida por los marinenses a los Montpensier: “La bella y pintoresca ría de Pontevedra comparece delante de SS.AA.RR. En la apartada línea del horizonte surcan las aguas del mar las veleras embarcaciones de los pescadores como gaviotas arrastradas por la corriente. En el remanso de la ría se descubre un apiñado caserío del Morrazo. Allí está Marín. El tránsito de Pontevedra a Marín es un paisaje de suave colorido. La ría forma una pintoresca ensenada que llega desde Marín hasta Combarro, presentando en medio del oleaje la árida isla de Tambo, como gigantesco cetáceo en reposo. El fondeadero de Marín ofrece un limpio y espacioso puerto al que arriban las embarcaciones para librarse de los estragos de las borrascas.”
Duques de Montpensier
“Marín ofrece a los augustos príncipes una recepción de marinos; un engalanado muelle y un cortejo de barcas, faluas y canoas. La perspectiva del puerto es una de esas bellísimas casualidades de los espectáculos públicos que valen más que los monumentos seculares y las ovaciones fastuosas. Es el mar sereno y reposado con sus lanchas, y sus bergantines, y sus goletas, y sus muelles, y sus salvas, y sus cohetes. Un conjunto mágico, deslumbrador que se recuerda como una creación fantástica de la imaginación.”
“El vapor ‘Isabel II’ espera a SS.AA.RR. En lontananza los buques mercantes surtos en la bahía. Los botes y las faluas con los remos levantados acompañan a la comitiva real. El estampido del cañón retumba en las montañas y atruena sobre las casas de la villa. El muelle de piedra, prolongado por otro de madera para que pueda atracar la embarcación, se presenta engalanado con gallardetes y banderas. Las autoridades se despiden de los Montpensier, mientras el sol desfallecido sobre las aguas del mar, es la epopeya de la respetuosa y solemne despedida.”
¡Ay! de aquel Marín mágico, de aquel Marín al pie de un mar sereno y reposado como el que visitaron los duques de Montpensier del que poco o nada queda. Solo un relato y un mar en lejanía.

Por Angel G. Carragal
Diario de Pontevedra
13.02.2017/Pag. 12

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