Una zona VIP, como sabrán
estimados lectores, en definición resumida, “es un lugar reservado para el
disfrute y uso de personas, pues cuenta con muchos lujos y comodidades”, descripción
de la que echo mano para explicar la ‘Zona Portuaria de Ocio’, tema del que hoy
me ocupo.
Se trata de una parte del
territorio portuario cedido al Concello de Marín -tras el retranqueo de la
valla y entrada al antiguo muelle comercial- que ha sido “convertido en espacio revitalizado, más verde y accesible, pensado para el
uso y disfrute de todos los ciudadanos, integrando puntos de ocio y
esparcimiento” como se puede comprobar a la vista del resultado de las obras que
se vienen realizando desde aquel 2022, en
que se inaugura la gran remodelación del
Paseo ‘Alcalde A. Blanco’, la única ventana desde la que marinenses y
visitantes podemos recrearnos con vistas al mar, pasear en los días soleados de
primavera y recibir la refrescante brisa marina, especialmente en verano,
mientras admiramos desde la punta y a ‘tiro de piedra’, la isla de Tambo cargada
de historia.
Pero no se quedaría ahí la
cosa, pues tras esta importante actuación desde la administración municipal se vienen
gestionando otros proyectos, todos ideados en un mismo sentido, “buscando
mejorar la interacción entre el Puerto y la ciudad” todo ello compatible con el
aprovechamiento de tan extensa superficie, para solaz ciudadano, que estaba
dedicada casi en exclusiva a aparcamiento de vehículos e instalación de
atracciones de fiestas.
De las actuaciones que
siguieron al reordenamiento del referido paseo destacan la humanización, en
ejecución, del entorno de la dársena del "cementerio de
embarcaciones menores”; la mejora de panterres y acera (que discurre paralela a
la valla de la ENM) y las obras del Auditorio, ‘a punto de caramelo’ de ser
inaugurado, sin olvidar las pistas deportivas que pronto serán mejoradas, según
tiene anunciado el Gobierno Local.
Todo esto debe servir para pararse a
reflexionar que ante la necesidad que tiene Marín de abrirse al mar, ante el
impedimento que para verlo supone la ‘pantalla’ de edificaciones portuarias que
se extiende a lo largo de toda la franja costera, comprendida entre la Plaza de
España y Placeres (siguiendo el curso del Paseo del Colesterol), disponer de un
espacio como el que vengo describiendo y tan cercano a la ciudadanía, no parece
exagerado categorizar como VIP la descrita ‘Zona Portuaria de Ocio’, pues motivos
hay, como se puede constatar, que me llevan a ello.
De todas formas no se puede obviar que
todo ello se debe a la gestión realizada por el Gobierno Local a lo largo de casi
quince años de mandato, pero tampoco se puede obviar que la alcaldesa, María
Ramallo, debe seguir ‘negociando’ con el ente portuario la cesión de otra parte
del terreno infrautilizado en esa misma zona para dar cumplimiento a su promesa de ubicar
ahí la Nave de Deportes Náuticos. Lo prometido es deuda.

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