“Fue construido durante el mandato del alcalde Ezequiel Massoni, como un complemento del proyecto de reforma de la Alameda. Desde su construcción y a lo largo de los años, sufrió diversas ampliaciones dotándose de cubierta e iluminación. Con el paso del tiempo padeció el deterioro al que estuvo sometido que lo puso en varias ocasiones al borde del derribo como ocurrió durante la década de los años sesenta siendo alcalde Raúl Santiago Taracido.
Era tal su mal estado que llegó a caer su techumbre (llamaba la atención durante más de veinte años ver un palco sin techo), la que nunca más se volvió a reponer hasta que a finales de los años ochenta el alcalde Pierres Martínez consideró la necesidad no solo de dotarlo de techo sino además de reconstruirlo mediante trabajos contratados y realizados bajo la dirección del entonces aparejador municipal, Senén Fernández Dios. Fue aquella la reforma más importante que se acometía desde la construcción de inicio. Y como si de un nuevo palco se tratara se (re)inaugura el 4 de junio de 1989 como podemos constatar en una de las placas adosadas en su base de sillería: “Construído en 1928-Restaurado en 1989”.
Cinco años después (1994) de
aquella importante reforma el Palco de la Música de Marín volvería a ser
protagonista de un nuevo acontecimiento muy relacionado con su existencia. De nuevo el fallecido y recordado alcalde Pierres
Martínez , siendo en esta ocasión concejal de Cultura, quiso dedicar un
recuerdo a la primera banda de música de Marín incrustando otra placa con la
siguiente inscripción: “A primeira banda de música. Sempre recordada. Con
grande agarimo. Marín, novembro 1994”, acontecimiento que tiene un especial
significado para mí, pues el alcalde tuvo un gesto –que nunca dejaré de
agradecer-de invitar a mi difunto padre a protagonizar aquel acto representando
a aquella generación de músicos que componían la histórica banda.
En la actualidad y aunque no
se usa, salvo en contadas ocasiones- dadas sus condiciones que no atienden a
las exigencias que se precisan para los conciertos sobre todo en cuestión del
espacio que requieren las bandas, el palco se ha convertido en una especie de
reliquia arquitectónica del pasado del que hay que cuidar ese toque nostálgico
y monumental que aún conserva, signo de identidad de un pueblo en el que la
música y los músicos ocupan varias páginas de su historia”.
| El palco en los incios de su consttrucción en 1928. |
Es Una pena que no lo arreglen
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